Al elegir músico para un evento, la mayoría de la gente revisa dos cosas: el precio y las fotos. Son las dos que peor predicen el resultado.
Lo que se mira
- El precio. Primero y a veces único criterio.
- Las fotos. Que se vean profesionales, que el vestuario esté bien.
- Los seguidores. Como señal indirecta de que existen y trabajan.
- Que conteste rápido. Esta sí es buena señal, y suele ser accidental.
Lo que debería mirarse
1. Video sin editar. Un video de evento real, con sonido de ambiente, dice más que diez fotos. Los cortes rápidos con música de fondo esconden justo lo que hay que oír. Si no hay ningún video crudo, es razonable pedirlo.
2. Qué incluye, por escrito. Cuántos integrantes, cuántas horas o canciones, si el traslado va dentro, si trae equipo de sonido. Un proveedor que no lo tiene listo va a improvisar el día del evento.
3. Qué pregunta él. Este es el mejor indicador y nadie lo usa. Un músico que trabaja bien pregunta la dirección con referencia, la hora exacta de inicio, cuánto dura, si hay dónde estacionarse y si hay otro grupo. Uno que solo pide el anticipo no está planeando cumplir.
4. La política de cancelación. No porque se vaya a cancelar, sino porque tenerla escrita distingue a quien lleva tiempo en esto de quien improvisa.
Sobre las reseñas
Sirven, con matices. Una reseña de cinco estrellas sin texto no dice nada. Las que valen son las que cuentan algo concreto: que llegaron a tiempo, que se adaptaron a un cambio, que sonaron bien en un espacio difícil.
Y conviene desconfiar de un perfil con calificación perfecta y muchísimas reseñas, porque en un oficio con esta logística es estadísticamente improbable que nunca haya habido un contratiempo.
La pregunta que resuelve casi todo
Si solo se puede hacer una: ¿ustedes van a tocar, o mandan a otro grupo?
La subcontratación silenciosa es el origen de la mayoría de los malos ratos en este mercado. No es ilegal ni siempre es malo, pero el cliente tiene derecho a saberlo antes y casi nunca lo pregunta.
Por qué el precio engaña
Porque dos precios no comparan lo mismo si no se sabe qué incluye cada uno. Un mariachi de $2,000 por doce canciones y otro de $2,800 por una hora con traslado incluido pueden ser, en la práctica, el mismo precio o al revés.
El precio solo significa algo cuando va acompañado de lo que entrega.