Escríbele a ocho músicos pidiendo precio para una fecha. Te van a contestar tres, dos te van a preguntar primero el lugar y la fecha, y uno te va a dar un número. Es la experiencia estándar de contratar música en vivo en México.
La práctica tiene nombre en el gremio y en cualquier grupo de Facebook: mándame inbox. Y aunque parece una manía, tiene una lógica.
Qué protege el precio escondido
Desde el lado del músico, tres cosas razonables:
- El contexto. Un número suelto no dice si son siete u once integrantes, si incluye traslado ni cuántas horas son. El músico teme que lo descarten antes de poder explicarlo.
- El margen de negociación. Si el evento es a la vuelta de la esquina y es martes, puede hacer un precio. Publicarlo le quita esa flexibilidad.
- La competencia. Si publica su tarifa, el de al lado la ve y pone diez pesos menos.
Ninguna de las tres es una excusa tonta. Son preocupaciones legítimas de alguien que vive de esto.
Qué cuesta
El problema es que las tres se resuelven a costa de todos los demás, y a la larga también del propio músico.
Al cliente le cuesta tiempo y le genera desconfianza. Nadie disfruta perseguir a ocho proveedores para armar un presupuesto, y la opacidad se lee como que algo se está escondiendo, aunque no sea el caso.
Al músico que empieza le cuesta más caro todavía: no tiene contra qué comparar. Sin referencias públicas, la única forma de saber si está cobrando bien es equivocarse varias veces. La mayoría cobra de menos durante años.
Al gremio entero le cuesta profesionalización. Un sector donde el precio es un secreto negociado caso por caso es un sector donde la calidad no puede competir contra la insistencia.
El argumento que no se sostiene
El más repetido es que publicar el precio hace que compitan por barato. Pero eso ya pasa: los grupos de Facebook son exactamente una competencia por precio, solo que a ciegas y en privado.
Cuando el precio se publica junto con lo que incluye, la comparación deja de ser entre dos números y pasa a ser entre dos propuestas. Ahí el que cobra más tiene, por primera vez, dónde explicar por qué.
Lo que cambia cuando se publica
Dos cosas que se ven rápido. La primera es que las conversaciones se acortan: quien escribe ya sabe el precio, así que la charla empieza en la fecha y no en el regateo.
La segunda es menos evidente. Un precio público obliga a definir qué incluye, y esa definición es la que evita la mayoría de los malentendidos del sector: cuántas horas, quién llega, si el traslado va dentro.
El precio a la vista no es solo una comodidad para el cliente. Es la forma más rápida que tiene el oficio de dejar de discutir y empezar a competir por lo que de verdad importa.
¿Eres músico y llegaste buscando cuánto cobrar?
Arriba está lo que paga el cliente. Lo que casi nadie te cuenta es cuánto de eso llega de verdad al músico.
En serenattia hay 35 músicos publicados en 6 ciudades con su tarifa a la vista. El perfil no cuesta nada, no hay mensualidad y no hay exclusividad: tú pones tu precio y cobras el 100%, porque la comisión la paga el cliente aparte, encima de tu tarifa.
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